Foto tomada de la cuenta de Twitter @TXSportshistory

1984, el año del antes y después en la NBA

En el deporte estadounidense, hay ediciones que no pasan debajo de la mesa y en la NBA, los ojos de los equipos y fanáticos del baloncesto se ponen sobre draft universitario con la intención de conocer y analizar a cada prospecto tomado por las organizaciones y su posible impacto.

La selección puede ser toda una lotería. En ocasiones, los equipos privilegiados con los primeros lugares ven a sus elegidos cumplir con el rol que esperan que desarrollen, mientras que en otros casos, el fracaso se ata al joven atleta.

Pero hay un año en particular que se encargó de quebrar en dos la historia del deporte, con escogencias que torcieron el camino de dos equipos, Chicago Bulls y Portland Trail Blazers, en direcciones totalmente opuestas.

La llegada del más grande

El 19 de junio de 1984, los focos estaban puestos sobre el Madison Square Garden, donde se celebró el draft de aquel año. Según el sistema, Houston Rockets, Trail Blazers y Bulls eran dueños de las tres primeras elecciones.

El cuadro tejano sumó a sus filas a Hakeem Olajuwon, un centro que cumplió con las expectativas, al punto de ser considerado hoy en día como uno de los mejores internos que ha pasado por la disciplina, un tipo alto de pies ligeros con una defensa espectacular.

En el caso de los de Oregon, Sam Bowie, pívot, fue el seleccionado. El representante de la Universidad de Kentucky no llegaba con los mayores pergaminos a la cita; sin embargo, la franquicia decidió asumir el riesgo y formar a un joven que debía ser el dueño de la pintura de casa.

En tercer lugar, los de Illinois se hicieron con Michael Jordan, escolta de North Carolina, quien poseía buenas herramientas ofensivas y defensivas, necesidades para los astados tras caídas consecutivas y muchas grietas en su juego.

No obstante, el desarrollo del nativo de Brooklyn fue increíble. Como si se tratara de un molde hecho a la perfección, Jordan llegó a la NBA para cambiar la historia del deporte, al punto de ser para muchos el mejor atleta de todos los tiempos.

Novato del Año, cinco veces MVP, seis veces campeón, Jugador Defensivo del Año, 14 en el róster para el Juego de Estrellas y, obviamente, miembro del Salón de la Fama, no ha habido otro como él.

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El hombre perdido

Cuando se recuerda aquel draft no se reprocha a los Rockets haber tomado a Olajuwon y no a Jordan, pero sí se presiona a los Trail Blazers en lo que puede ser visto como el error más grande en los draft de la NBA.

La razón no solo pasa por lo que hizo el escolta a lo largo de sus 15 temporadas, también se contrasta con el pobre accionar de Bowie en el baloncesto profesional.

Esa discreta actuación que tuvo en el sistema universitario no de alteró cuando dio el salto al mejor baloncesto del mundo, con promedios en los que sus notas más altas fueron de 16 puntos por juego, 10 rebotes y 2.7 bloqueos por juego.

Poco a poco el centro se fue diluyendo y siendo un tipo más de la liga.

Con apenas 26 años sufrió una lesión que lo apartó de la que debía ser su cuarta campaña, molestia que arrastraba desde hace un año, cuando apenas disputó cinco encuentros.

La relación entre las partes acabó en 1989, año en el que firmó con los New Jersey Nets (hoy Brooklyn Nets), para luego saltar en 1993 a California para defender el uniforme de Los Angeles Lakers, franquicia con la que se retiró sin pena ni gloria en 1995.

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