Foto tomada de la cuenta de Twitter @ESPNDatos

Giannis Antetokounmpo, de caminar a la cancha de los Bucks a ser MVP de la NBA

Parece que el recorrido de Giannis Antetokounmpo por el baloncesto de la NBA ha sido corto. Pero la realidad dicta otra dinámica. Luego de seis años en las liga, el griego ha crecido, y mucho, al punto de pasar de ser una promesa “distinta” a una estrella consolidada.

La noche del 24 de junio, el heleno dio el paso esperado, respondió al reto del retirado Kobe Bryant, y se alzó con el MVP de la temporada 2018-2019 tras un curso espectacular con los Milwaukee Bucks.

La transformación de Antetokounmpo se nota en varios francos: desde el físico, ganando musculatura para pasar de ser escolta y alero a ala-pívot; el anímico, asumiendo retos y trabajando para adaptarse e imponer su ritmo; y también humano, siendo una de las piezas más admiradas de la liga.

Origen humilde

Pero hace un tiempo este personaje no era la gran estrella que hoy conocemos.

Su origen se remonta a días de arduo trabajo para él y los suyos, donde el baloncesto casi no tenía espacio en la rutina pero sí la venta ambulante, algo que aprendió de sus padres, para ayudar en el sustento.

Ser un niño, al menos en su caso, fue una etapa de más obligaciones que diversión.

Todo por ellos

Una vez tomado por los Bucks en el draft de 2013, todo cambió para mejor en él y su entorno.

Su primer contrato, por ejemplo, lo llevó a ganar $1.7 millones en su temporada de novato, llevando comodidad para un grupo acostumbrado a trabajar mientras aprendía a caminar. Antetokounmpo no olvidó eso y con cada salario ayudó a su familia.

Su aporte fue tal que en una ocasión, durante su primer año en la NBA, envió todo lo que tenía en su cuenta bancaria a sus padres y hermanos, quedando, literalmente, en cero.

Al percatarse de eso, y sin automóvil, debió caminar a la cancha del cuadro de Milwaukee, para aquel entonces el Bradley Center (hoy Fiserv Forum), pues era día de juego.

Mientras iba al recinto, una pareja lo reconoció. Precisamente iban al tabloncillo a ver a los Bucks, oportunidad que el heleno aprovechó para llegar a tiempo a la sede de la que aún es su organización en la liga.

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Sin techo

En la actualidad, el nativo de Atenas apenas tiene 24 años de edad. Por cada calendario vivido ganó un millón de dólares en la recién culminada zafra, parte de una extensión por cuatro campañas y $100 millones que firmó en 2016.

La vida le sonríe en lo económico por su alto desempeño deportivo, algo que también disfrutan sus hermanos.

Thanassis, por ejemplo, es profesional y ha visto acción en Europa, así como la D-League. Mientras, otro de ellos, Kostas, ya ve acción en el sistema universitario de Estados Unidos.

Sea cual sea y como sea, el apellido Antetokounmpo, ese que alguna vez parecía imposible de pronunciar, promete estar un largo rato siendo sinónimo de dominio en el baloncesto más competitivo del planeta.

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