El día que Andy Murray sobrevivió a la matanza de Dunblane

En el deporte hay hechos que marcan la carrera de un atleta; sin embargo, y pese a que la lucha en la disciplina no cesa, es la vida real la que suele marcar el carácter del exponente.

El 13 de marzo de 1996, una tragedia forjó la identidad de Andy Murray.

El tenista escocés, quien en enero de este año anunció su retiro, luchó contra sus lesiones y estuvo presente en el Masters 1.000 de Cincinnati para el cuadro principal de singles.

El triunfo es indescriptible, tal vez, con una sensación mayor a la de sus títulos a lo largo de sus 14 años de carrera; sin embargo, lo que hace 23 años ocurrió en su ciudad natal marcó para siempre al británico por encima de cualquier episodio relacionado al deporte blanco.

Volver a nacer

Con apenas ocho años de edad, aquel niño escocés veía clases en la Escuela Primaria de Dunblane cuando la tragedia arropó por completo a todo un reino, hecho que hasta el día de hoy es recordado con escalofríos en la comunidad británica.

Thomas Hamilton, recientemente expulsado como coordinador de los boy scouts por conducta impropia, llegó al gimnasio del sitio y abrió fuego contra los presentes. 15 niños y una profesora fueron asesinados.

Murray y su hermano Jamie estaban en el instituto. Ambos salieron ilesos.

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El final del silencio

Andy Muray calló durante años. 12 calendarios pasaron hasta que publicó una biografía en la que compartió sus sensaciones sobre aquella terrible jornada teñida por la sangre de varios de sus amigos.

En el material, el tenista explicó que «lo más extraño era que conocíamos al tipo (Hamilton)”. Además, recordó que “había estado en el auto de mi mamá. Obviamente es raro pensar que hay un asesino en tu auto, sentado al lado de tu madre”.

Esta es probablemente una de las razones por las que no quiero volver la vista atrás. Es tan incómodo pensar que fue alguien que conocíamos de los Boys Club… solíamos ir al club y divertirnos. El averiguar que el asesino formaba parte del club fue algo que mi cerebro no podía asimilar. Yo podría haber sido uno de esos niños”, siguió.

Hoy, la vida vuelve a sonreírle a Murray. Su físico parece estar a tono nuevamente, o al menos lo suficiente para regresar a la disciplina más allá del dobles que ejerció hace unas semanas. Pero el recuerdo de los que ya no están sigue ahí, fresco en su memoria, a veces duele, pero también le hace agradecer por saber que no fue él una de las víctimas de la tragedia.

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