De las Olimpiadas a la albañilería: la historia de Julia Vasconcelos

El mejor momento del día para Julia Vasconcelos siempre fue su entrenamiento; pero un inesperado giro del destino ha llevado a esta atleta del taekwondo a pasar la página y dejar a un lado los días de gloria como representante de Brasil en competencias internacionales.

La razón fue el acoso y los constantes atropellos que sufrió por parte de su exentrenador y la Confederación Brasileña de Taekwondo.

Corrupción sin ataduras

Por medio de una entrevista en el portal brasileño de UOL, la exatleta manifestó que constantemente observó conductas y hechos con las que no estaba de acuerdo, pero expresarse en contra no era una opción pues siempre existió la amenaza de ver su sueño derrumbarse. “Mi exentrenador pidió un porcentaje de mi salario. No estaba de acuerdo con eso y no tenía espacio para hablar de eso. La asociación afirmó que esta parte del salario se ahorró para ayudar a los atletas” que tenían los recursos para costear la disciplina; sin embargo, explica que eso no era cierto.

Pero abusos en sus ingresos no fue lo único que soportó. Vasconcelos alega que “el precio del autobús que nos llevó a las competiciones fue de $30 y mi entrenador nos cobró $60. La camiseta del equipo, que era un derecho de los atletas, sería vendida por él. Si negamos haber contribuido con este dinero, recibimos castigos: por ejemplo, se nos prohibió participar en competiciones”.

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Salud en juego

Tras una cirugía en su mano, la cual el entrenador insistía en que no debía hacerse pese a que los informes médicos reflejaban que era imperativo someterse, el bullying y los constantes acosos -por parte del dirigente- llevaron a la medallista a sufrir depresión y bulimia. “Cuando regresé (del reposo) se burló de mí diciendo que necesitaba perder peso. (…) Cuando quedaban cinco o seis días para la competencia, iba al centro comercial, comía lo que quería, y cuando llegaba a casa, vomitaba todo… Cuando me acerqué a la competencia, apreté mi dieta. Días antes, sobreviví con, alrededor de 600 calorías al día, solo tenía una clara de huevo y un poco de pollo desmenuzado”.

La brasileña de 27 años asegura que en ocasiones llegó a someterse a baños de agua caliente o deshidrataciones en “saunas tres veces al día” para lograr alcanzar el peso que se le exigía tuviera antes de las competencias. En las Olimpiadas de Río 2016 “pasé 20 horas sin tomar ningún líquido”.

En 2018, la Fiscalía de São Paulo inició una investigación conta el Ayuntamiento de São José dos Campos y la Liga de Artes Marciales Valeparaibana, por presuntas irregularidades en transferencias entre ambas instituciones.

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Empezar de cero

El año pasado, tras vender sus propiedades, Vasconcelos emigró a Estados Unidos con una visa de deportista. Ahí, la exatleta comienza una nueva vida lejos de los reflectores de la disciplina que la vio crecer y cerca de un oficio al que jamás imaginó dedicarse.

Radicada en Nueva Jersey ahora decide lo que quiere comer y cuándo lo quiere comer. Trabaja 15 horas al día, en la mañana como albañil en una construcción y en las noches como profesora de taekwondo. El cansancio le sobra, pero la vergüenza no le abunda. “Estoy constantemente cansada, pero no hay otra manera. Un día el cuerpo se acostumbra”. 

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